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El “Efecto Picasso” en el mundo de las empresas familiares.

Diseñar e implementar de manera efectiva un proceso correcto de sucesión es todo un arte.

Frecuentemente la planificación patrimonial de los artistas al igual que la de los fundadores de las empresas familiares se sostienen en la idea  de que puede posponer la planificación hasta el último minuto y quizás hasta la vejez, pero igual que en la vejez del famoso pintor y escultor Pablo Picasso quien se negó a planificar su sucesión patrimonial argumentando que si lo hacía al día siguiente moriría, dejando a su familiares enredados en los procesos legales que inevitablemente duraron varios años en resolverse y que inclusive aún siguen en menor escala con la inminente consecuencia de que el gobierno francés se quedará con una buena parte de sus obras más emblemáticas; esto es a lo que he bautizado como el “Efecto Picasso”, el miedo a planificar la sucesión y las consecuencias que en una gran mayoría de  casos resulta inapropiada o nula el proceso de planificación patrimonial de manera adecuada.

En el mundo del arte basta pensar en el “memento mori” una frase latina que se traduce directamente a "recuerde que debes morir", en otras palabras, es el deber recordar que no se es eterno. 

Generalmente el “memento mori” hace referencia y está asociado a símbolos de la muerte representados en el mundo del arte en su forma más típica como lo son los cráneos. Sin embargo, los artistas y los espectadores encuentran en este sentido una proyección de lo que sucede después de morir y póstumo al imaginar cómo se verá su trabajo como parte de un legado permanente que es exhibido y referenciando de manera frecuente. 

Comience a pensar en la planificación de su patrimonio ahora mismo.

Artistas que con frecuencia mueren antes de haber organizado su trabajo, creando dificultades tanto en la determinación de cómo distribuir las obras tanto a sus herederos como a los museos,  permean la posibilidad de que se generen conflictos de autenticidad; problemáticas similares a las que frecuentemente se encuentran en el campo de las familias empresarias, con la cual en una primera etapa pedimos a los  fundadores que escriban una carta sobre el legado que desean dejar y en la que expresan de manera filosófica y anecdótica lo que espera que ocurra con su patrimonio en sus siguientes generaciones, enmarcando de esa manera  su voluntad y  deseos, he aquí donde se inicia el pensamiento concreto de la planificación del patrimonio permitiendo en la familia empresaria que estos pudieran entender cuál es el camino correcto a seguir desmantelando los potenciales conflictos.

Pablo Picasso murió sin dejar un testamento, no cometa el mismo error.

Picasso murió el 8 de abril de 1973 dejando más de 45.000 obras, millones en efectivo, propiedades y oro, pero sin dejar una voluntad clara; pasaron más de seis años complicados para poder dividirlo todo.

La herencia de Pablo Picasso fue evaluada en aproximadamente unos 1.200 millones de dólares de la época, vivió como exiliado voluntario en Francia por razones ideológicas y fue miembro del partido comunista ruso y del francés también. El estado francés se ha atribuido a título de derechos de sucesión, aproximadamente el 20% de la herencia.

Jacqueline Picasso, su viuda, los hijos naturales Claude, Paloma y Maya y sus nietos, Marina, Bernard fueron los beneficiarios del tesoro acumulado por el artista. Cabe mencionar que se tienen referencia de ocho diferentes mujeres que hicieron parte en diferentes momentos de la vida íntima de Pablo Picasso.

Varios años fueron necesarios para que la justicia, el fisco, los abogados y herederos lograran ponerse de acuerdo en relación a las obras del pintor que constituyó el lote esencial de la herencia, las cuales fueron divididas en partes iguales que se repartieron por sorteo ante tres notarios encargados de concluir el proceso de sucesión; patrimonio artístico constituido en ese momento por unos 30.000 elementos  entre grabados,  planchas, tapicerías y pruebas de autor, algo más de 1.885 cuadros, cerca de 7.000 dibujos, 1.200 esculturas y 3.222 cerámicas, algunas joyas fuera de los bienes inmuebles entre ellos varias casas y uno que otro castillo, también una importante suma considerable en efectivo, posiblemente algo cercano a algo más de 120 millones de dólares; en otras palabras la no planificación del patrimonio eficientemente, obligó a que terceros ajenos al núcleo familiar terminaran decidiendo sobre el futuro del legado y del patrimonio familiar de este notable artista.

Por otra parte, en varias investigaciones realizadas con más de 100 entrevistas con empresarios, albaceas y herederos en las que a cada uno se le preguntó lo que más habría ayudado en la gestión de la planeación patrimonial, en su gran mayoría respondieron: “yo deseaba que hubiera una voluntad clara y explícita”.

Las razones son evidentes al entender que una carta-legado explica los anhelos y deseos del fundador de una manera explícita, entre ellos el reparto de las responsabilidades y la forma en que el legado debe ser preservado (cada fundador es único). Por otra parte, un hecho que no debería sorprender a nadie exactamente es que ser un empresario familiar no significa necesariamente que usted es un planificador sucesoral bien dotado.

Hágase las preguntas difíciles.

Para los fundadores pensar por primera vez en este tema en particular les implica racionalizar que ellos no van a estar presente cuando los herederos se dividan su fortuna, situación que psicológicamente en muchos casos les es difícil de digerir por un lado, y por el otro lado desde la perspectiva de los otros miembros de la familia también se les dificulta  entrar en algún tipo de pánico o miedo de poder socializar o verbalizar de manera abierta estos temas en particular por primera vez, puesto que pudieran generar todas la suspicacias del mundo o el temor a afectar las buenas relaciones familiares.

El no querer platicar sobre estos temas en generaciones pasadas y no planificarlos de manera correcta con los profesionales correctos, implica asumir costos a las generaciones jóvenes que en varios casos ascendieron a sumas importantes y que cada vez pudiera empeorar la situación en la medida en que cada generación logre crecer los diferentes negocios y por ende el patrimonio familiar, por lo que las siguientes generaciones pudieran imponer una regla en la que para cada miembro de la familia es obligatorio el sentarse con los abogados y asesores de la familiar para desarrollar un plan patrimonial a nivel familiar y a nivel individual, de tal manera de poder implementar un proceso de planeación patrimonial previamente bien diseñado.

Tal vez es la parte más difícil que hemos identificado en los procesos de sucesión, pero sobretodo en familias empresarias que están en las primeras generaciones, a lo cual deberían hacerse las siguientes preguntas en una situación crítica hipotética de urgencia:

  • Qué debe dejar organizado a la mayor brevedad.
  • Quién debe quedar administrando la compañía.
  • Quién debe quedar con un mayor número de acciones.
  • Se pueden buscar mecanismos con los cuales no se divida el patrimonio.
  • Cómo quedaría la viuda.
  • Cómo hacer para que las siguientes generaciones en vez de destruir el patrimonio lo potencien y sea fuente de beneficio para otras futuras generaciones.

Una adecuada planeación debe ser un proceso organizado con antelación puesto que la sucesión es inevitable y no debería manejarse como un evento que desencadena una serie de dinámicas para la cual la familia empresaria no está preparada, especialmente en el entendido de que los mayores conflictos en las empresas familiares se presentan en los momentos de intercambio generacional.

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