Seguramente piensas que la tienda de la esquina de tu casa es una empresa familiar. Debo decirte que sí, que lo es. Pero también debo decirte que aunque exista una creencia generalizada de que las empresas familiares son muy pequeñitas, se trata de una creencia popular muy alejada de la realidad: el tamaño no define a una empresa familiar.
Vamos a los números. El 85% de las empresas de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) son empresas familiares. Se estima que las empresas familiares en EEUU generan más del 50% del PIB (Producto Bruto Interno) y dan empleo a más del 80% de la fuerza de trabajo.
Entonces, ¿qué entendemos por empresa familiar? Vamos por parte. Primero, quiero contarte una historia.
Hace un tiempo, un amigo empresario me dijo: “deberías de una vez por todas dedicarte a la empresa, seguro que tienes algo bueno e interesante que decir”. En su tono había cierto desprestigio hacia mi interés por la empresa familiar. Le contesté que yo me dedicaba a la empresa y que me gustaba la empresa familiar por su importancia económica en nuestras vidas y su complejidad. “¡Chorradas!”, me contestó mi amigo español. Después de un largo silencio, le pregunte cómo marchaba su empresa. “Estupendo, pero la verdad es que no se cómo decirle a mi hijo que no sirve, el día que yo me marche se va todo al carajo”. Con mueca imperceptible le dije: “tal vez necesite algún especialista en empresa familiar”. Mi amigo levantó la mirada, me cruzó un gesto de aprobación y –sonriendo- me respondió: “¡chorradas!”
Empecemos por definir empresa familiar a partir de sus componentes: empresa y familia. Dos instituciones con valores, principios, objetivos, preferencias, atributos, finalidad e incentivos distintos embarcadas en un único proyecto: la empresa familiar. Por lo tanto, tres elementos distinguen a la empresa familiar de la no familiar:
Participación familiar
Intencionalidad de continuidad
Comportamiento específico.
La participación es quizás el elemento más fácil de utilizar para distinguir a la empresa familiar: cuando uno o más familiares son propietarios, forman parte del gobierno y/o trabajan en la empresa. Por lo tanto, la propiedad, el gobierno y la dirección son las dimensiones en las que se entrelazan la empresa y la familia y que caracterizan a la empresa como familiar. Se suele considerar los familiares de sangre, pero también incluirse a los familiares políticos si forman parte activamente de la institución.
Pero podríamos ir más allá y pensar que aunque en la empresa no trabajen familiares, puede existir la intencionalidad de pasar la propiedad, el gobierno y la dirección de la empresa a futuras generaciones, por ejemplo a los hijos y/o los nietos. Por lo tanto, la intencionalidad empieza a ser un aspecto mucho menos nítido que la participación, pero igualmente importante. Es decir, la empresa como una creación de un emprendedor, para que alguien de la familia continúe con el legado familiar en el futuro.
Si la intencionalidad de por si es una dimensión difícil de percibir, hay una tercera dimensión que está relacionada con el comportamiento de la empresa familiar. Ese comportamiento está influido y condicionado por la participación de familiares y por la intencionalidad, lo que genera que la empresa tenga unos valores diferentes a la empresa no-familiar, posea incentivos para maximizar su rentabilidad económica pero también para maximizar aspectos no económicos. Por ejemplo, la empresa como un lugar de trabajo para los hijos, como el nombre familiar en la sociedad, como un espacio para estar con los hijos o nietos, como un vínculo común entre los familiares… Por lo tanto, la empresa se enfrenta a objetivos económicos y no económicos que van a condicionar su comportamiento y su forma de competir en el mercado.
Por lo tanto y volviendo al planteo inicial, la empresa familiar es la tienda de la esquina pero esa tienda no representa la generalidad de las empresas familiares. Sin embargo, se enfrenta a las mismas dinámicas que una empresa familiar mediana o grande (con las consiguientes diferencias): la familia, directa o indirectamente, participa en la toma de decisiones en la empresa y esto puede afectar su supervivencia -para bien o para mal- y la convivencia de la familia -también para bien o para mal-.
Retomo la charla con mi amigo español. Para ver su reacción y convencido de que en realidad su hijo no era tan incompetente como el lo describía, le dije que si no tenía las capacidades suficientes, lo despidiera; tal vez era mejor pagarle un sueldo para que esté afuera de la empresa antes que adentro. Me contestó que sería lo adecuado, pero que él debía dormir con la madre de su hijo todas las noches y que quería seguir haciéndolo. Cuando nos despedimos, sólo atiné a decirle: “¡vaya chorradas estas historias de empresas familiares!”.
Rodrigo Basco, Ph.D.
Blog: INSPIRAR
Comment by Claudio Müller on February 4, 2013 at 10:59am Excelente Blog Rodigo, gracias por compartirlo.
Claudio
Comment by Rodrigo Basco on February 4, 2013 at 11:12am Comment
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